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«Esfuerzate, siempre y en todo, por obtener a la vez - Lema atribuido a Mullah Nasruddin |
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El hecho de que sea perfectamente posible transmitir la quinta esencia de una enseñanza a través de anécdotas y dichos populares elaborados desde la vida misma, lo testifica ampliamente Mullah Nasruddin, el Sabio de los Sabios. Una de sus muchas particularidades es la de estar presente, bajo diferentes disfraces culturales, de Pekín (Nasreddin Effendi) a Samarcanda (Juhà), de Bujarà (Juhì) a Estambul (Nasreddin Hoça), de Tirana (Nastraddin Hoxha) a Jerusalén (Jocà), de Jartum (Jawhì) a Mogadiscio (Juxa), de Fez (Zha) a Mesina (Giufà). Sus parábolas, introducidas en Turquía por el gran místico persa y maestro sufi Jalaluddin Rumi para ilustrar al discípulo los aspectos más profundos de su enseñanza, deben entenderse como una especie de espejo mágico en que es posible reflejarse y ver la realidad esencial de sí mismos. Frente a Nasruddin te sientes como privado de la máscara que nos solemos poner en la relación con los otros y con nosotros mismos. ¡Incluida, por ejemplo, la máscara de la amabilidad! De hecho, una de las enseñanzas de Nasruddin es: no nos ilusionemos que una mera actitud virtuosa sea el criterio de nuestra espiritualidad. Podría ser, en cambio, sólo una máscara de nuestro egoísmo con que nos concedimos el gusto de complacer a los demás. Nasruddin es, en ese sentido, el arquetipo del viejo sabio que nos ilumina el camino precisamente cuando lo creemos luminoso. |
A fin de ilustrar las maneras habituales de que la mente funciona, y los prejuicios de que no nos percatamos, Nasruddin no teme adoptar, según la necesidad, el papel de malhechor o de filántropo, de tipejo o de persona de bien, de sabio o de idiota, de astuto o de tonto. En ese sentido, Mullah Nasruddin encarna la modalidad de enseñanza usada en la Senda de la Crítica (persa, Rahimalamat), en base a la cual se achaca a sí mismo una mala acción para enseñar al discípulo como portarse, sin criticarlo directamente. La crítica directa, de hecho, haría movilizar inmediatamente las resistencias del discípulo impidiéndole así aprender. Al contrario, cuando una persona ve a alguien haciendo o diciendo algo, propenderá a juzgarlo a través de sí mismo. Esto es lo que Rumi llamaba «Ponerse delante de un espejo y decir que la imagen es de otra persona». [Extraído de mi libro, La Via dell’Umorismo. 101 burle spirituali (La Vía del Humor. 101 bromas espirituales), Vicenza 2008]. |